jueves, 29 de marzo de 2007

Sobre el Día del Joven Combatiente

29 de marzo fecha en la cual se conmemora el día del Joven Combatiente. Probablemente este no difiera mucho de los años anteriores, tal vez sea un poco más violento, pero estoy casi seguro de que los hechos seguirán cierta lógica a la que comenzamos a acostumbrarnos y que le brindan en parte el carácter tradicional a la fecha. Las discusiones, los análisis y los argumentos en pro y en contra, surgidos a partir del sentido de la violencia que matizan las conmemoraciones, tampoco variaran mucho de un año a otro, lo que en parte bien a mostrar lo inútil, o mejor dicho, lo accesorio de este dialogo de sordos. Se puede decir que el tema divide, pero lo cierto es que quienes practican y defienden la violencia constituyen una minoría incluso dentro de los círculos universitarios, hecho que puede deberse tanto al poco apego que tenemos por la violencia (sobretodo aquella instrumental o racional) como al discurso hegemónico y la caricaturización o mas bien dicho demonización que se hace de estos movimientos violentistas.

Personalmente no defiendo ni apoyo los actos de violencia pero de todas formas es posible preguntarse ¿alguien recordaría la muerte de los hermanos Vergara Toledo si no fuese por estos enfrentamientos entre encapuchados y carabineros? Probablemente no muchas personas lo harían y creo que por lo mismo debiésemos al menos reconocerle a los encapuchados que la violencia cumple esa función rememorativa.

Desde mi punto de vista la importancia de ese “no olvidar” no radica en transformar el dolor de las victimas de la dictadura en nuestro, en transformar sus muertes en estandartes de nuestras propias luchas, convertirlos en mártires de determinadas causas y en definitiva en reducir la muerte de los hermanos Vergara en meros iconos que puedan ser estampados en una polera. El dolor de los deudos, de sus familias y de sus amigos, es algo que debemos respetar. El sentido de eso no olvidar radica más bien el reconocimiento de que la democracia que hoy disfrutamos (podrá no gustarnos, pero podemos concederle el hecho de que es bastante mejor a la dictadura de Pinochet) es producto en gran medida al sacrificio y a la muerte de muchas personas cuyas vidas probablemente pasaran al olvido como ha sucedido anteriormente en nuestra historia con la matanza del seguro obrero, de la escuela de Santa María, la Semana Sangrienta, y tantos otros casos de los cuales ni siquiera son mencionados.

El hecho de mantener presentes en nuestra memoria colectiva estos sacrificios es la única garantía que tenemos de no repetir la historia, de no cometer los mismos errores, de sufrir las mismas derrotas, en otras palabras, de no tornar inútil la muerte de dichos hermanos. “No olvidar” es una forma de resistir al discurso oficial (tal vez no sea suficiente, pero si necesaria) de cierta manera también es una forma de continuar oponiéndose a la hegemonía neoliberal en la construcción de historia, memoria e identidad. Por lo menos eso deberíamos reconocerle a los encapuchados, más allá de que estemos o no de acuerdo con la forma.

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miércoles, 7 de marzo de 2007

Cuando uno ve las noticias actuales en la tele, las lee en un diario o en cualquier otro medio de comunicación y luego recuerda las noticias del año pasado, o tal vez de hace un par de años y más aún si uno se esfuerza en tratar de recordar las noticias más añejas guardadas en su memoria posiblemente se encontrara con hechos bastantes similares a los acontecidos en estos días, salvo obviamente por aquellos recuerdos construidos a partir momentos y noticias excepcionales (la detención de pinochet, la toma de la embajada japonesa en lima, la caída de las torres gemelas etc.). Es esa similitud o la repetición constante de ciertos acontecimientos a través de los medios de comunicación va generando de cierto modo y hasta cierto grado la sensación de que las cosas siguen siempre iguales, no por lo que lo sean sino porque las transformaciones son tan lentas que es imposible verlas desde la perspectiva de la cotidianidad.



El asalto, el asesinato de ayer, la incautación de drogas de hoy, las acusaciones cruzadas de la Alianza y la Concertación de antes de ayer, el fútbol del fin de semana, el partido de la selección el próximo mes, los muertos en Palestina, Haití, Somalía, o Irak de esta semana, las lluvias e inundaciones en junio y la mayoría de las “noticias” se constituyen de hechos, de informaciones que mas que comunicarnos alguna “novedad” pareciesen decirnos que las cosas no cambian, que todo esta en su lugar y que todo sucede tal vez no como debiesen pero si como se esperaba.

Entonces es posible decir que el diario, el noticiario por lo general no da cuenta de los cambios producidos en la sociedad puesto que por lo general dichos transformaciones no se suelen encajar en el formato de 24 horas que estos intentan imponer incluso en el caso del “reportaje” la intención no es mostrar algo trascendente a la cotidianeidad sino que se reducen a la simple muestra de aspectos más difíciles de apreciar de esta. Entonces suelo creer que de ordinario la función de estos medios no es dar cuenta de cambios sino la de dar cuenta de la ausencia de estos, función que solo se altera en circunstancias excepcionales como las mencionadas arriba.

Lo paradójico de esta situación es que al mantenernos al tanto de los eventos importantes (criterio de importancia que es bastante cuestionable) de manera cotidiana lo que hace es desinformarnos dejándonos en medio de la desolación de descripciones desnudas, carentes de sentido; donde las razones, los motivos y las consecuencias prácticamente no existen o se reducen en el mejor de los casos a ideas simplistas totalmente descontextualizadas y a lugares comunes que carecen de todo valor explicativo. No se trata de ver que diario o que canal manipula o distorsiona más la verdad (que a esta altura no deja de ser un hipótesis), puesto que es el formato no esta pensado para que los receptores comprendan lo sucedido, su función se inserta dentro de los limites de la cotidianidad por lo tanto es imposible trascenderla, verla desde otro perspectiva que no sea la del hoy, la del mañana o la de unos pocos días delante.

No se si eso basta para justificar el hecho de que no veo las noticias (por lo menos no cuando depende de mi) y que haya dejado de leer los diarios, pero creo que explica mi tedio ante la repetición constante de hechos que parecen ser siempre los mismos.

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